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    February 26

    ZP, QUÉ OPORTUNIDAD PERDISTE...

    "En una discusión, lo difícil no es defender nuestra opinión, sino conocerla"
     
    Saludos a todos mis lectores. Disculpad mi prolongada ausencia por estos lares, pero, desde que me marché de ED, no he tenido realmente ningún momento de respiro, y tampoco he encontrado ningún tema que me motivase. Sin embargo, ayer tuvo lugar una cita televisiva prácticamente histórica, a la que presté mucha atención y que me resultó muy atractiva. Se trata, como ya habréis supuesto, del debate entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, los dos candidatos de los partidos llamados a gobernar en España tras las elecciones del 9 de marzo.
     
    Aunque no lo seguí con profusión, creo que puedo atreverme a desgranar las líneas maestras del cara a cara entre ambos políticos. En líneas generales, me pareció que Zapatero fue el vencedor moral del pulso, pero poco más. El actual Presidente del Gobierno podría haber sido mucho más contundente con su rival, que se fue de rositas por el excesivo talante del socialista. Su escasa agresividad, no obstante, no le impidió dominar con cierta claridad el encuentro, salvo en materia terrorista, donde los dos volvieron a las disputas de patio de colegio de siempre, las que llevamos soportando desde el fatídico 11 de marzo de 2004.
     
    El debate comenzó con una ponencia por separado de los dos candidatos. Y aquí fue dónde Zapatero se apuntó su primer tanto. Primero, porque Rajoy no trabajó bien todo lo relacionado con la comunicación no verbal (una constante en este enfrentamiento), mirando continuamente fuera de cámara, como si buscase la aprobación externa de su discurso; segundo, porque trató de mostrarse cercano al ciudadano, con permanentes referencias a este en su discurso, sin conseguirlo por culpa de su poco acertada gesticulación y su posición delante de la cámara; y tercero, y lo más importante, porque los primeros planos que se emplearon en esta fase del pulso, hicieron mucho daño a este hombre, que no es precisamente expresivo, lo que, como ya he comentado, le restó credibilidad a la hora de intentar aproximarse a la gente. Zapatero, por el contrario, mostró calidez, serenidad y, curiosamente, solemnidad. Quizá no demasiada, pero sí la suficiente para que resultase convincente sin perder cercanía. Me gustó mucho la labor que sus asesores hicieron, a este respecto, en expresión facial e impostación de la voz. Esos fueron sus principales recursos para ofrecer un mejor rostro que su oponente.
     
    Tras esta introducción, se pasó a hablar sobre el primer asunto de la noche: economía y empleo. Y aquí, como ya sucediese en el cara a cara entre Solbes y Pizarro, los populares desaprovecharon la oportunidad de demostrar que sus planes son más sólidos que los de los socialistas. En vez de proponer, Rajoy se obcecó en criticar dos aspectos, la creciente inflación y el paro. Y Zapatero supo reaccionar hábilmente, asegurando, en el tema de la inflación, que España tiene ahora unos índices muy similares a los de 2004, cuando el PP abandonó la Moncloa, y con una coyuntura internacional mucho peor, debido a la crisis de los precios del petróleo y los cereales, que no hemos provocado nosotros ni mucho menos. Y en vez de contestar con otros razonamientos, o exponiendo cómo lo habría hecho él mejor, el popular se limitó a repetir una y otra vez que hay mucha inflación, mientras que Zapatero añadió muchos más datos favorables acerca de su gestión económica, como, por ejemplo, que en renta per cápita estamos por delante de Italia; o que sus índices de desempleo han sido los más bajos de la democracia. Quizá sólo le faltó decir que la subida actual del paro se debe a la desaceleración de la industria constructora, y que afecta particularmente a los inmigrantes, no a los españoles... Esa fue la primera oportunidad que perdió de machacar al dirigente gallego.
     
    Precisamente el tema de la inmigración fue el que trató de esgrimir el popular para evitar el baño en el segundo bloque: las políticas sociales. Por supuesto, no lo consiguió. Zapatero sabía que este era el punto que más a favor tenía, y no dudó en explotarlo al máximo, mencionando las ayudas a los jóvenes, las leyes de dependencia, del matrimonio homosexual, de la igualdad de género... Y recordando que el PP no las ha apoyado en ningún momento. Rajoy contestó asegurando que la inmigración está descontrolada, y que ha aumentado la inseguridad ciudadana, y parecía que, por ahí, podría salvarse. Sin embargo, cometió un error garrafal: cuando ZP le dijo que, con él al frente, se ha reducido drásticamente el número de ilegales (denunciando las arbitrarias políticas de obtención de permisos de residencia -bonobuses...-), Rajoy expuso como un dato negativo que ahora en España hubiesen tres millones de extranjeros con papeles. Señor mío, ¿qué hay de malo en que estas personas estén dentro de nuestras fronteras como legales? Lo malo sería lo contrario, ¿no? Pues parece ser que no, al menos según el popular, que se tuvo que callar cuando el socialista le recordó que el Código Penal ya contempla como delitos, y desde hace tiempo, muchas de las actividades criminales que algunos inmigrantes han llevado a cabo; y que, por tanto, no hace falta establecer leyes para ponerles freno, como él exigía.
     
    Un pero en este punto a Zapatero: la educación. Rajoy le comentó que nuestros índices son de los peores en Occidente; y el socialista se olvidó de decirle que todo se lo debemos a las políticas educativas de los populares durante sus ocho años de mandato, y que los efectos de su administración en materia de educación se notarán en los próximos cuatro-ocho años. Por lo menos, le mencionó que las ayudas en forma de becas han aumentado... Y menos mal que el dirigente del Partido Popular se centró en el tema de la asignatura de la Educación para la Ciudadanía, porque si no, aquí podría haber hecho bastante daño.
     
    Rajoy trató de rehacerse, tras el fiasco de la economía y el varapalo en políticas sociales, con las materias de interior y relaciones internacionales. Y aquí, seguramente, es dónde logró salvar un debate que se estaba decantando claramente a favor de Zapatero. El gallego insistió en dos asuntos primordiales: el terrorismo y la desintegración territorial del Estado español. Como lleva toda la legislatura hablando de estos dos temas, se notaba a la legua que los tenía muy bien preparados. Aquí es dónde Zapatero pecó de blando. Rajoy no dudó en calificarle como mentiroso por su voluntad de negociación con ETA, y él no contraatacó con la misma dureza, apoyándose en la problemática del integrismo islámico, como debería haber hecho. El gallego, de hecho, estuvo bastante acertado esquivando el tema del 11-M, y eso que incluso dio pie (involuntariamente) a Zapatero a hablar de ello. En cuanto al tema catalán y vasco, prosiguió con su conocida línea de que España se rompe y mil cosas más, si bien, como todo, esto se quedó en agua de borrajas y discusión política insustancial. No hay datos que apoyen ni una postura ni otra, así que fue, como siempre, una absurda pérdida de tiempo.
     
    Terminó el debate con una exposición acerca del futuro de España. Yo confiaba en escuchar, al fin, propuestas de ambos partidos, pero de nuevo se volvió a lo mismo: críticas del PP al presente, respuestas de ZP sobre las mejoras con respecto a la legislatura anterior de la derecha hispana. Lo único que se mencionó ayer sobre el futuro fue el anuncio de Solbes acerca de las hipotecas, y nada más. La tónica de esta campaña electoral, para qué engañarnos. Estoy deseando, sinceramente, que el PSOE gane estas elecciones para que el Partido Popular abandone de una vez su política de la crispación, y ambas coaliciones se dediquen, por fin, a proponer mejoras para el país y sus ciudadanos.
     
    Por supuesto, ambos se vieron ganadores ayer, nada más acabar el enfrentamiento, pero la realidad es que todos los sondeos, con independencia de la orientación política de quién lo realizase, conceden el triunfo a Zapatero, con bastante diferencia con respecto a Rajoy. Tampoco es de extrañar. El debate fue únicamente un ejemplo claro de cómo ha sido este ejercicio político, con un PP continuamente enfadado, y un PSOE con excesivo talante. Pocas referencias a sus programas, mucho ataque personal de los populares y mucha referencia al pasado de los socialistas. Sea como fuere, no estuvo nada mal, aunque confío en que, en el siguiente (que se celebrará el próximo lunes), hablen más del futuro, y muchísimo menos de lo mal que lo han hecho cada uno en el pasado.