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    June 22

    España golpea de nuevo

    "Aquí cada vez se hace mejor ficción"
    Antonio Garrido

    A mediados de los 90, la ficción televisiva española vivía un 'boom' sin precedentes. Con la debida excepción de Expediente X, ni una sola serie estadounidense era capaz de arrebatar el 'prime time' a nuestras producciones, que ya no solo ganaban en calidad técnica, sino también en excelencia argumental. Periodistas, Todos los hombres sois iguales o Siete Vidas, por poner algunos ejemplos, alcanzaban cotas de audiencia muy importantes, enganchando a los espectadores con tramas interesantes o un sentido del humor inteligente y de buen gusto. Por desgracia, los 'realitys' de principios de esta década pusieron fin a esta época dorada. Las series dejaron su sitio a Grandes Hermanos y Operaciones Triunfo y, con el único afán de recuperar al público, bajaron su calidad, apostando por el 'culebroneo', especialmente el adolescente. La fórmula funcionó, sin duda, pero al televidente exigente (como es mi caso) no nos quedaba ninguna salida en condiciones en la pequeña pantalla. Nada salvo las producciones estadounidenses, claro, cuyo nivel aumentó de manera exponencial en los últimos tiempos.

    Sin embargo, en este 2009 parece que los guionistas españoles se han puesto las pilas, ofreciendo, a lo largo de estos últimos meses, varias series que han elevado considerablemente el listón de la ficción nacional. Un claro ejemplo se encuentra en La chica de ayer, la versión española de Life on Mars, una aclamada producción de la BBC. Para quien no la conozca todavía, cuenta la historia de Samuel Santos, un policía de 2009 que, tras un accidente de tráfico, acaba misteriosamente en 1977. Santos debe entonces averiguar cómo ha llegado hasta allí, qué debe hacer para volver a casa y, sobre todo, sobrevivir en una España en plena Transición, a las órdenes de un comisario poco convencional.

    Y la verdad es que no ha decepcionado en absoluto. En tan solo ocho capítulos, ha desplegado una historia apasionante, con unos personajes secundarios atractivos (incluso más que los propios protagonistas -no me ha terminado de convencer Ernesto Alterio-) y una recreación excelente y nada dulcificada (como en Cuéntame) de la realidad española de 1977. Me ha gustado especialmente cómo Samuel Santos ha tratado de ayudar a su familia, y la excelente manera de resolver las paradojas temporales que habría provocado. De sobresaliente también ha sido la actuación del sevillano Antonio Garrido, que ha bordado el personaje del Inspector Jefe Gallardo, al que ha sabido dar acertados toques de humor. Una pena que, por culpa de la 'catetada' de Aída, la audiencia no haya respondido, lo que nos impedirá disfrutar de esta fantástica serie en el futuro...

    Mejor le han ido las cosas a ¿Hay alguien ahí?, una de las grandes apuestas de Cuatro para esta temporada. Tras mantener unos aceptables 'shares' en sus 13 capítulos de existencia, la ficción regresará en septiembre con nuevos interrogantes y grandes dosis de intriga. Esas han sido las claves del éxito de esta producción (una de las primeras experiencias españolas televisivas en el campo del 'thriller' y el miedo psicológico), que narra las desventuras de la familia Pardo en su nuevo hogar, en el que, por desgracia, no están solos. No revelaré nada más del argumento, por si alguien no ha seguido la serie, pues su principal atractivo ha sido, precisamente, averiguar por qué en la casa de los Pardo tenían lugar fenómenos paranormales. Si bien es cierto que todavía quedan muchas incógnitas por resolver, ya se han desgranado las líneas maestras de todo lo que va a acontecer este próximo otoño.

    Amén de la historia, hay que resaltar también el magnífico montaje, en el cual se han apoyado casi todas las apariciones de los fantasmas. De hecho, la serie está elaborada de una manera artesanal, muy básica, pero mucho más efectista que si se hubieran empleado técnicas de ordenador o similares. Ese detalle proporciona, sin duda, más realismo a los acontecimientos, que se han llevado a un ritmo narrativo adecuado, ni demasiado rápido ni excesivamente lento, de manera que la trama no se ha desgastado, ni tampoco ha perdido interés. Quizá lo menos destacable han sido las actuaciones de sus protagonistas, aunque me han gustado bastante William Miller, al que todos recordaréis como el novio inglés de Inés en Cuéntame; Montse Mostaza, quien, gradualmente, se ha convertido en un personaje crucial para esta serie (y el que haya visto el último capítulo de la temporada me entenderá); y, en ciertos momentos, Marina Salas, quien al final de la serie borda su papel de niñata pija engreída. ¿Un 'pero'? El excesivo 'pasteleo' en torno a Iñigo, uno de los principales intérpretes, para el que, no obstante, parece que hay preparado un giro argumental curioso para la próxima campaña...

    Y no solo volverá ¿Hay alguien ahí? a nuestras pantallas en septiembre. No en vano, Antena 3 recuperará tras el verano a uno de sus mayores aciertos de este año, Doctor Mateo, una simpática serie que nos ha contado las aventuras de Mateo Sancristóbal, un prestigioso médico que abandona su lujosa vida en Nueva York para volver contra pronóstico al pueblo de su infancia. Su adaptación a San Martín del Sella y sus peculiares vecinos se antoja, al principio, complicada, pero finalmente consigue amoldarse y convertirse en uno de las figuras más respetadas de la villa, la que, por supuesto, no deja de cotillear sobre su persona. Al igual que La Chica de ayer, se trata de un 're-make' de una ficción británica (Doc Martin, de la privada ITV), que, a diferencia de su hermana de cadena, sí ha convencido al público español, con unos 'shares' superiores al 20 por ciento.

    En esta ocasión, su principal atractivo no se encuentra tanto en sus personajes o en su trama, sino, más bien, en la excelente manera de mezclar el humor con situaciones de la vida cotidiana, todas ellas tratadas con cierto realismo y drama, pero sin llegar a ser lacrimógenas. El resultado es una ficción divertida, amena, sin pretensiones, pero de bastante categoría y buen gusto. A todo esto, además, hay que unirle la belleza de los parajes de la localidad asturiana de Lastres, el (inmejorable) escenario escogido para recrear la ficticia San Martín del Sella (la cual, por cierto, está hermanada con Portween, la villa en la que se desarrolla Doc Martin), cuyos habitantes no son los típicos catetos cerrados (el dueño del bar, por ejemplo, es un antiguo rockero argentino), si bien el recurso al tópico es inevitable y "necesario" (el médico como figura de autoridad en el pueblo, los cotilleos -incluso por la radio oficial-...).

    Una vez más, son los secundarios los que llevan, para mi gusto, la voz cantante de esta producción. Brillante, como siempre, Esperanza Pedreño (la Cañizares de Camera Café), quien interpreta a la anárquica secretaria de Mateo Sancristóbal. También destacan por méritos propios Daniel Freire, el mencionado músico suramericano; Lulú Palomares, la divertidísima cotilla oficial del pueblo; y
    Álex O'Dogherty, quien cambia su rol del tosco Cañas de Camera Café para hacer de policía bonachón. No obstante, sería injusto no alabar el trabajo de Gonzalo de Castro encarnando al doctor Mateo, al que le da mucha presencia; o el de Natalia Verbeke, si bien debo admitir que la hispano-argentina ha tenido mejores papeles.

    Oye, ¿y Águila Roja? Tranquilos, no me olvido de esta superproducción original de TVE, aunque, por desgracia, no puedo analizarla, ya que todavía no he visto ni un capítulo (sí, lo sé, merezco veinte latigazos por esta herejía ^^U). No obstante, grosso modo, puedo decir sobre ella un par de cosas. La primera es obvia: la televisión pública española se la jugó. Nadie sabía cómo iba a reaccionar
    el público ante esta historia de ninjas en la España del siglo XVII, pero el riesgo mereció la pena: una media del 30 por ciento de la cuota de pantalla los jueves por la noche. Un rotundo éxito de audiencia que ha venido acompañado de excelentes críticas y una acogida internacional (especialmente en Latinoamérica) tan inesperada como reconfortante, que viene a demostrar la buena salud de nuestra creatividad televisiva. Cuando haya visto un par de capítulos, me animaré a escribir algo más, pero, de momento, me limito a destacar estos datos, así como el vestuario y las escenas de acción, que me han parecido espectaculares y muy bien trabajadas.

    Policías, ciencia ficción, miedo, suspense, fantasmas, humor, acción... Nuestra pequeña pantalla se ha portado francamente bien este año, aunque todavía tengamos que aguantar Físicas o Químicas, o los devaneos amorosos de Sarita. Confiemos en que las agradables sorpresas sigan llegando la próxima temporada. De momento, nos queda un largo verano, en el que, al menos, espero que Cuatro rescate Dexter y Medium. Así estaremos entretenidos hasta el regreso de los Pardo, el doctor Mateo y el justiciero Águila Roja. Por mi parte, espero regresar por estos lares un poquito antes. Un saludo a todos mis lectores.
    June 06

    La gran mentira europea

    "Que no se dé al voto a quienes añoran la España del pasado"
    José Luis Rodríguez Zapatero

    Mañana la democracia vuelve a llamar a nuestras puertas. Y lo hace desde Bruselas, o más bien desde Estrasburgo, sede del Parlamento Europeo, cuya composición determinarán este domingo los ciudadanos de la UE. Como ya sabéis, soy un reconocido europeísta y, precisamente por eso, iré este domingo a votar, si bien los grandes partidos políticos de nuestro país me han quitado muchas ganas. ¿Por qué? Porque han engañado al electorado sobre el objetivo de estos comicios. Y es que, desde el PSOE y el PP, se han vendido estas Elecciones Europeas como una cita crucial para el destino de España, del Viejo Continente y hasta del mundo. Nada más lejos de la realidad.

    ¿Qué es lo que se elige hoy? Muy simple: la estructura del Parlamento, cuya influencia en la UE es relativa. Quiero decir con esto que ningún partido político español podrá destinar fondos continentales para combatir la crisis desde los escaños de la Eurocámara, ni mejorar las cifras del paro, ni establecer reformas que nos beneficien. Y es que el poder de la Unión no descansa en los hombros del Parlamento, sino en los de la Comisión y el Consejo de la Unión Europea (el cual, por cierto, presidimos en el primer semestre de 2010). ¿Qué hace, pues, la Asamblea? Sencillamente dar el visto bueno a las propuestas normativas que ha elaborado la Comisión y aprobado el CUE, si bien dicha "autorización" no es, en absoluto, crucial (al menos, no tanto como en los Parlamentos nacionales). Ni que decir tiene que la Cámara no posee iniciativa legislativa.

    Por consiguiente, que nadie espere que el PP o el PSOE mejoren nada desde Estrasburgo. No pueden. De hecho, ni siquiera por sí solos serían grupos parlamentarios de pleno derecho (lo que les permitiría decidir los órdenes del día de la Cámara), pues, para ello, deberían tener 20 escaños y representar a un quinto de los Estados miembros. Eso sí, uniéndose a coaliciones de su corte ideológico podrían llegar a cumplir con esos requisitos, pero claro, entonces ya no se defenderán los intereses de España en Europa, sino los de la agrupación socialista, conservadora... Asimismo, nuestro país únicamente posee 50 asientos en el Parlamento de un total de 736. Huelga decir que es una cantidad irrisoria, que pocas balanzas puede decantar a nuestro favor dentro de la Asamblea. Si a esto le unimos que la Eurocámara solo funciona una semana al mes (descontando enero, febrero y agosto), os podéis hacer una idea de lo que van a trabajar nuestros Eurodiputados.

    ¿Dónde se encuentra el poder real de la UE? En la Comisión y en el CUE, como ya he mencionado, y la presidencia de uno de ellos será nuestra el año próximo. Será entonces cuándo España podrá trabajar para procurarse un horizonte más diáfano, y lo hará, por supuesto, el PSOE como cabeza del Gobierno nacional. Por tanto, todas las promesas de Mayor Oreja y López Aguilar no son más que patrañas, insultos a la inteligencia de un electorado que no sabe de qué van estos comicios, y ni le interesa. Esta ha sido la tónica general de una campaña electoral deleznable, que demuestra con creces la pésima clase política que poseemos en nuestras fronteras.

    En vez de trabajar en el Congreso (tienen que asistir a las reuniones de la Cámara hasta finales de este mes) o en el Consejo de Ministros proponiendo soluciones al paro y la crisis, nuestros políticos se han dedicado a dilapidar sus recursos (y los nuestros) y su tiempo en mítines absurdos, donde, para variar, solo han cargado los unos contra los otros, sin plantear soluciones, medidas, alternativas... Esto es, la rutina de siempre. Están empleando estas Elecciones Europeas como un pequeño caballo de batalla de cara a los comicios de ¡dentro de tres años! Pero señores, ¿no se están dando cuenta de que hay cosas más importantes que disputarse absurdamente la Moncloa? Y si todavía fueran las Generales, pero leche, ¡que son las Europeas!

    Por lo menos, estas elecciones nos han servido para reírnos un rato. Primero, con la denuncia de la SGAE a Izquierda Unida por usar el "A por ellos" en sus anuncios televisivos; y después, con muchas de las publicidades que hemos podido ver en la pequeña pantalla, como la de Frente Nacional (impagable el dibujo de la consulta médica, oiga), Falange Española (a la que Macaco ha denunciado por uso indebido de su canción Moving) y tantos otros partidos que estarán dando gracias al señor que inventó el PowerPoint por darles una herramienta barata para promocionarse en televisión. ¿Los más "cutres"? Sin duda alguna, los anuncios de los partidos andalucistas, catetos como ellos solos (para variar también). ¿El más lamentable? Este del PSOE, donde se postula que votar al PP es más grave que pensar de manera radical.

    Los sondeos conceden una victoria exigua del Partido Popular, y curiosamente, me alegro. Creo que el PSOE necesita un buen toque de atención, ya que no están haciendo bien su trabajo, y estos comicios son la excusa ideal para ello. Confío en que los malos resultados electorales hagan despabilar al Ejecutivo de un Zapatero cuya valoración cae en picado. Si al menos tuviéramos una alternativa en condiciones... Bueno, siempre nos quedará Rosa Díez, aunque mucho me temo que UPyD ha perdido últimamente el rumbo, volcándose con los votantes descontentos de la derecha y olvidando por completo su mensaje conciliador original. Seguramente mi voto se lo queden ellos esta vez, si bien su crédito para conmigo está desvaneciéndose de manera gradual.

    En fin, nada nuevo bajo el sol, como en Eurovisión...