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August 28 Pan para hoy, hambre para mañana"La actuación ha sido peor de lo previsto" José María Odriozola Resulta curioso cómo evoluciona el deporte. En 1999, España finalizaba los Mundiales de atletismo en Sevilla con cuatro medallas en su haber, dos de ellas de oro, y multitud de buenos resultados; por su parte, la natación nos ofrecía los éxitos de la nacionalizada Nina Zhivaneskaia... Y nada más. Tan solo una década después, las tornas han cambiado radicalmente. Nuestros nadadores regresaron este verano de los Campeonatos del Mundo con excelentes marcas y varios metales en sus cuellos, mientras que nuestros atletas completaron este pasado fin de semana un torneo mundialista decepcionante, con pocas alegrías (muchas de ellas de la mano de veteranos), alguna que otra actuación lamentable (Olmedo, Pestano) y, sobre todo, una incertidumbre creciente por saber qué futuro le espera a España en esta disciplina.
Si bien la cosecha ha sido mayor que en los Juegos Olímpicos de Pekín (dos preseas en Berlín frente al 'rosco' con el que abandonamos el Nido hace ya un año), las sensaciones son igual de malas. O incluso peores. No en vano, de 51 competidores que se han enviado a tierras alemanas, solo siete han logrado puesto de finalista, y únicamente dos lo han rozado (esto es, un 17%, siendo la primera vez desde 1995 que no llegamos a la decena); de todos ellos, solo una baja de la treintena (Beatriz Pascual); uno de los dos medallistas, Jesús Ángel García Bragado, está al borde de la retirada a sus 39 años, y la otra, Marta Domínguez, presenta en su DNI una edad más que respetable (33); ninguno de nuestros nacionalizados ha alcanzado su respectiva final en su modalidad y, de hecho, muchos ni siquiera superaron la primera ronda eliminatoria; seis atletas no acabaron sus pruebas, y hasta sufrimos una descalificación... Posiblemente lo peor de todo sea la escasa perspectiva de futuro de nuestro atletismo. Solo los veteranos han dado la cara, y muchos de los "jóvenes" valores parecen negarse a explotar. Un claro ejemplo se encuentra en Manuel Olmedo o Arturo Casado, dos deportistas que apuntaban buenas maneras hace pocos años, y cuya actuación en Berlín ha sido, como poco, pésima. De momento, la excelente hornada de los 70 nos mantiene en una situación aceptable, pero va haciendo falta que entre sangre nueva cuanto antes, para que no nos encontremos, en pocos años, con un panorama todavía más desolador que el actual. Y un buen primer paso sería jubilar a muchos de los 'dinosaurios' e "incompetentes" que hay en nuestro atletismo, y que acaparan recursos sin ofrecer, a cambio, resultados. Por supuesto, hablo de gente como Manolo Martínez y Mario Pestano, cuya continuidad en el equipo nacional se me antoja innecesaria. Muy clamoroso es el caso de Pestano. El discóbolo canario llegaba a todos los grandes torneos con marcas importantes, pero siempre fracasaba a la hora de la verdad; este año, sus registros habían sido discretos, acudía al Mundial sin presión alguna, conseguía la clasificación para la final a la primera... Y ahí no fue capaz de lanzar más allá de los 62 metros. Esto es, la enésima decepción de Pestano, quien confesaba a TVE que se planteaba dejarlo. Y yo me pregunto, ¿por qué no retirarlo? Al canario se le han dado muchas oportunidades para demostrar su valía y, en vez de progresar, involuciona: cuarto en los Europeos de 2006; quinto en los Mundiales de 2007; noveno en los Juegos de Pekín; 10º en Berlín. Queda claro que no va a darnos ninguna alegría, y hasta él mismo ya lo ha reconocido. Su escaso carácter, su falta de competitividad, no debería permitirse a nivel profesional. Ciertamente, el deporte no consiste solo en ganar, pero sí en pelear, luchar, ofrecer lo mejor de tí mismo en los momentos serios. Y Pestano, en este sentido, no da la talla. Y cuando me refiero a este discóbolo, hago extensible su situación a otros muchos atletas similares, como Juan Carlos Higuero, Reyes Estévez, Manuel Ángel Penas, Naroa Aguirre... Otros, sencillamente, deberían asumir que poco o nada más pueden aportar, y dejar su sitio a gente joven, con mayor proyección. En este grupo, nos encontraríamos a Manolo Martínez, Carles Castillejo, José Luis Blanco, Alejandro Cambil, Mikel Odriozola, Judith Plá, María Vasco... E incluso, si me apuráis, Eliseo Martín, quien, pese a su noveno puesto en la final de 3.000 obstáculos, presenta ya una edad (36 años) que le impide estar en igualdad de condiciones con los mejores de su prueba. El oscense ya ha ofrecido todo lo que podía, y en los Europeos de Barcelona del año que viene, podría tener la retirada soñada, con un último metal al cuello ante su público (ha sido el tercer mejor europeo de la distancia). Lo mismo se le puede aplicar a Chema Martínez, quien finalizó la maratón en una meritoria octava posición (lo que le valdría, en 2010, un oro continental con el que podría cerrar su carrera a los 39 años); o a Nuria Fernández, cuarta en los 1.500 metros. Precisamente esa es la forma de pensar de uno de nuestros medallistas, el marchador Jesús Ángel García Bragado. Nada más cosechar el bronce en los 50 kilómetros, el madrileño (que, en este mes de octubre, llega ya a los 40) apuntó que sí acudirá a los Europeos, pero que su presencia en los Mundiales de 2011 es poco probable. Aunque es una auténtica lástima que un competidor así nos deje, también la edad va pasando factura y su relevo parece garantizado con Paquillo Fernández (del que ahora hablaré largo y tendido), por lo que no habría mejor manera de despedirle que hacerlo en casa y, a ser posible, con una última presea. Sería el broche ideal a un palmarés soberbio, con un oro, dos platas y un bronce mundialistas a sus espaldas, faltándole solo un metal olímpico para que fuera perfecto. El año pasado estuvo cerca de conseguirlo (cuarto en Pekín), pero su estrategia, basada en la paciencia e ir recogiendo 'cadáveres' en los últimos 15 kilómetros, no le funcionó en tierras asiáticas. En Berlín, por el contrario, sí dio resultado. Confiemos en que eso también ocurra en Barcelona. Ya hemos hablado de los "incompetentes" y los 'dinosaurios', pero todavía nos faltan dos categorías más. Y una de ellas serían los fiascos. Esto es, competidores todavía en edad de ofrecer grandes cosas, pero cuya progresión, por H o por B, no termina de concretarse. Se trata de gente como los ya mencionados Casado u Olmedo, Juanma Molina, Berta Castells o Mercedes Chilla. Algunos de estos casos son realmente desconcertantes. Molina, por ejemplo, fue bronce mundialista en 2005 y luchó por el podio en el Europeo de 2006 (una descalificación se lo impidió), pero, desde entonces, no ha vuelto a acercarse a los puestos de cabeza. Así, el murciano fue 16º en 2007, 12º en los Juegos y 24º en Berlín, una extraña trayectoria que no se puede explicar si se tiene en cuenta el punto de origen. Algo parecido ocurre con Chilla, quien, tras ser bronce en los Europeos de 2006, no ha regresado a la elite de la jabalina. Esta vez ha tenido la excusa de las lesiones, pero tanto en los Mundiales de 2007 como en Pekín'08 estaba en forma, y ni siquiera se hizo con un diploma olímpico. Sin duda, da que pensar sobre la forma de trabajar de la Federación, que ha sido completamente incapaz de explotar el talento de estos atletas. El último sector de análisis lo compondrían los nacionalizados, a los que destaco en un punto y aparte por una razón muy obvia. Yo siempre he estado a favor de las naturalizaciones de extranjeros. Entiendo que, cuando un foráneo llega a España, pueda sentirse aquí más a gusto que en su país, por los motivos que sean (políticos, económicos, sociales...), y que eso le lleve a solicitar la ciudadanía hispana. En el caso particular de los deportistas, existe la denominada carta de naturaleza, que concede el Consejo de Ministros en circunstancias excepcionales, cuando dicha persona puede ofrecer a nuestro deporte algo de lo que este carece. Sin embargo, en atletismo no dejamos de ver asimilados que apenas aportan algo. Ayad Lamdassem, por ejemplo, quien se retiró durante la disputa de los 10.000 metros; Luis Felipe Méliz, incapaz de pasar la eliminatoria de longitud; Alemayehu Bezabeh, que no se metió en la final de los 5.000... Este último caso me tiene intrigado. Bezabeh se postulaba como un fuera de serie en 2008, y ciertamente todavía tiene mucho futuro (apenas cuenta con 23 años), pero en las carreras se le ve siempre sufriendo, dolido, impotente e imposibilitado de hacer algo grande. Todo lo contrario que sus ex compatriotas etíopes, que dominan junto a Kenia el fondo mundial sin inmutarse. Al parecer, las lesiones se han cebado a base de bien con él, pero, si es así, ¿no sería mejor dejarle descansar, antes de que se termine de romper? Visto lo visto, ¿realmente era necesario mandar 51 personas a un Mundial? ¿O mantenerlas en la elite? Sinceramente, creo que no. Ya he comentado alguna que otra vez que yo abogo por un modelo parecido al sueco, a saber, mucha cantera y solos unos pocos profesionales, pero todos ellos candidatos a medalla. Ciertamente, es un riesgo si la hornada de atletas te sale mala (como le está pasando justo ahora al país nórdico), pero estimo que todo el dinero que nos gastamos en mandar a 51 deportistas para que solo nos rindan nueve, estaría mejor invertido en campañas de promoción del atletismo en colegios e institutos, escuelas atléticas para los más jóvenes, preparadores, instalaciones, etc., etc. Es decir, en fomentar esta disciplina entre los niños y adolescentes para, de esta manera, crear los suficientes valores que nos permitan tener, en categoría sénior, gente verdaderamente competitiva, aunque solo sean una veintena. Asimismo, resulta imprescindible abandonar el fondo y la velocidad de una vez (africanos y caribeños, respectivamente, monopolizan los éxitos en estas modalidades) y apostar definitivamente por los saltos y los lanzamientos. Alemania y Polonia lo han visto claro y, gracias a eso, han acabado sexta y quinta en el medallero. No obstante, no todo ha sido malo en Berlín. De hecho, nuestras féminas nos han dado múltiples alegrías en este Mundial, acumulando cinco de los siete puestos de finalistas logrados en tierras germanas. Y de entre todas ellas, destaca un nombre, el de la mejor atleta española de todos los tiempos: Marta Domínguez. Tras el fiasco de los Juegos, con aquella inesperada caída en el penúltimo obstáculo, la palentina ha sido capaz de resarcirse del mejor modo posible, con las dos mejores marcas del año en su distancia y, por supuesto, un oro mundial que cierra su década prodigiosa. No en vano, en este comienzo de siglo, Marta ha cosechado, amén de esta última presea, dos platas en los Mundiales de Edmonton 2001 y París 2003, y otros tantos oros continentales en Munich 2002 y Gotemburgo 2006, así como otros títulos internacionales. Los fantasmas de Pekín han dado paso a un éxito que no se repetía en nuestro atletismo desde 1999, cuando Niurka Montalvo y Abel Antón sumaban los dos últimos oros hispanos en un Campeonato del Mundo. Ahora Marta ha inscrito su nombre de manera definitiva en la historia de nuestro deporte… Y lo mejor todavía está por venir, puesto que, si mantiene la forma (ni siquiera las lesiones han podido con ella), su candidatura a metal olímpico es casi segura.
De Marta tendrá que aprender una de nuestras representantes, que nos hizo pasar de la alegría a la decepción en cuestión de segundos. Se trata de Natalia Rodríguez. La tarraconense estuvo durante bastante tiempo peleando por podios, sin conseguirlo. Este año tenía una oportunidad única, sabía que no podía desaprovecharla y fue a por todas en la final de los 1.500. Tan centrada estaba en cazar un metal que cometió un error a la hora de adelantar, en los últimos 400 metros, a la etíope Gelete Burka, que se acabó desequilibrando y cayendo al suelo ante el contacto con la española. Lógicamente, la IAAF la descalificó y le arrebató el oro que había conquistado, pero eso no es óbice para la caza de brujas a la que está siendo sometida. Natalia se equivocó, indudablemente, y ese fallo lo ha pagado ya con creces; pero de ahí a "acusarla" en la web oficial de los Mundiales de tramposa, o retirarle la invitación a 'meetings' internacionales (como acaba de hacer el de Zúrich), me parece injusto y excesivo. Rodríguez no celebró su victoria, fue a comprobar cómo estaba Burka, se fue llorando a los vestuarios... Sí, hizo lo que no debía, pero es evidente que no fue adrede, o a mala fe. Aunque esté de acuerdo con su eliminación (por más que me pese), desde aquí quiero manifestarle todo mi apoyo, porque no se merece todo el desprecio que está recibiendo del atletismo mundial.
Esperemos que Natalia no se hunda anímicamente, pues, tras Marta Domínguez, podría ser nuestra opción a medalla más clara, merced a su potencial (por fin explotado) y su edad (tan solo 29 años). No obstante, esto podría cambiar en breve si Beatriz Pascual sigue evolucionando como hasta la fecha. Y es que, tras su sexto puesto en los Juegos Olímpicos, la marchadora ha repetido posición en los Mundiales de Berlín, por lo que solo le hace falta dar un último paso para consolidarse entre las candidatas al podio. Tiempo tiene, desde luego, ya que sus 27 años dan para mucho. También se augura un buen futuro para Ruth Beitia, quien, tras proclamarse este año subcampeona de Europa en pista cubierta, finalizó quinta en la final de altura, rozando su récord de España. El metal estaba demasiado caro por la excesiva competencia existente, pero Beitia, a diferencia de otras ocasiones, dio la cara en todo momento y luchó por el podio. No lo consiguió en esta ocasión, pero parece claro que, en algún momento, podrá dar ese salto que la lleve a la historia. Menos horizonte le queda a Mayte Martínez, otra de las triunfadoras españolas en la capital alemana. Pese a venir de una lesión importante, la castellana se metió por méritos propios en la final de 800 metros, donde terminó séptima. Un logro modesto (en comparación, al menos, con su bronce mundial en 2007), pero no por ellos menos importante. Ahora solo queda saber si, finalmente, se retirará en Barcelona, tal como se venía especulando, o si aguantará hasta Londres. Su ausencia en Pekín podría ser, en este sentido, determinante.
Sea como fuere, ni Martínez ni Domínguez, ni siquiera Natalia, deberían ser nuestros pilares en las próximas citas. De hecho, considero vital que apostemos en los Europeos de 2010 por nuestras jóvenes perlas, como David Bustos, Javier Cienfuegos, Eusebio Cáceres, Kevin López, Julia Tacaks, Mohamed Elbendir… Y, por supuesto, darles serios toques de atención a gente como Chilla, Molina, y muy especialmente, Paquillo Fernández, quien volvió a fracasar en los 20 kilómetros marcha. Su salto a los 50 parece confirmado, aunque me inspira serias dudas. Si ya le cuesta terminar la distancia más corta, ¿cómo lo hará para aguantar más del doble de kilómetros? Confiemos en que la ruptura con Korzeniowski sirva de algo. Desde luego, su sociedad con el polaco no le ha traído nada bueno, así que, a peor dudo que pueda ir.
España se marchó decepcionada de Berlín, pero muchos otros regresaron a sus casas como verdaderos héroes. Ese fue el caso de Usain Bolt, cuyas marcas ya rozan lo increíble: 9.58 en los 100 metros (once centésimas menos que su anterior récord del mundo) y 19.19 en los 200 (recortando otras 11 a su plusmarca mundial). Unos tiempos impensables para cualquier mortal, pero no para este Hermes caribeño, capaz de hacer real lo imposible. También voló otro dios en Alemania, el etíope Kenenisa Bekele, quien, como en Pekín, conquistó sendos oros en 5.000 y 10.000. Dwight Phillips, Valerie Vili, Blanka Vlasic o Phillips Idowu fueron otras de las estrellas de un Mundial que también vio cómo se estrellaban astros como Ysinbayeva o Robles, o cómo surgían nuevos luceros en el firmamento, como la surafricana Caster Semenya, cuya feminidad siempre estará en duda.
Parece mentira que la natación, el piragüismo o incluso el judo nos hayan dado más alegrías mundiales que el atletismo, pero ahora no es tiempo de lamentarse, sino de trabajar. Odriozola tiene que ponerse las pilas cuanto antes, porque un fracaso en los Europeos de Barcelona sería inaceptable. Ya veremos qué nos depara el futuro. Un saludo a todos. August 08 El mejor Mundial de la Historia"La Federación ha mejorado mucho su estilo de trabajo"
España cerró hace justo una semana uno de los capítulos más reseñables de su historia deportiva reciente. No es para menos. Nuestro país ha conseguido, por primera vez, pasar de las diez medallas en unos Mundiales de Natación. Un oro, siete platas y tres bronces han conformado el inédito botín de nuestros nadadores en Roma, esto es, cuatro preseas más que en la última cita mundialista, la de Melbourne 2007, la más laureada para España hasta este año. No obstante, la mejor noticia no ha estado tanto en los metales que se han cosechado, como en comprobar en aguas italianas que el futuro de la piscina hispana es muy prometedor. Hasta ocho récords nacionales se han batido en la Ciudad Eterna, en la que, además, se ha alcanzado la notable cifra de nueve finalistas, siete más que en Melbourne. Rafa Muñoz, Aschwin Wildeboer, Juan Miguel Rando, Marco Rivera o el sevillano Melquíades Álvarez han demostrado en Roma que la natación española va a dar mucho que hablar en Shangai 2011 y, por supuesto, en los Juegos Olímpicos de Londres de 2012.
Rafa Muñoz ha sido, con diferencia, el que más ha brillado en la piscina romana. El cordobés, del que ya hablé largo y tendido por estos lares, se convirtió en el primer nadador nacido y criado en España que cosecha un metal mundialista en toda nuestra trayectoria. Hasta la fecha, solo lo habían conseguido Martín López-Zubero, oriundo de los Estados Unidos (aunque de padres españoles), y Nina Zhivanevskaya, rusa nacionalizada. Y no solo ahí estriba el mérito de Muñoz, quien regresa a casa con dos preseas bajo el brazo, ambas de bronce y en su especialidad, la mariposa. Especialmente reseñable fue su actuación en los 100 metros, distancia en la que compartió un histórico podio con el mítico Michael Phelps, a la postre campeón, y al serbio Mirolad Cavic. No en vano, los tres nadaron la carrera de 100 mariposa más rápida de todos los tiempos. Obviamente, esto le permitió a Muñoz batir su segundo récord nacional, tras haber hecho lo propio en 50 metros, en los que incluso llegó a ostentar la mejor plusmarca de los campeonatos, la cual, por desgracia, le arrebató Cavic en la final.
Sin lugar a dudas, los entrenamientos en Marsella, a las órdenes del francés Romain Barnier, le han venido de perlas a Muñoz, al igual que a Aschwin Wildeboer su marcha a las piscinas de Dinamarca. El espaldista, quien el año pasado alcanzara un séptimo puesto en la final de 100 metros en Beijing, ha probado en Italia que su exilio a tierras nórdicas ha estado más que justificado, con tres récords de España, un quinto puesto en 200 metros, un cuarto en 50 (a 14 centésimas del podio) y una medalla de bronce en su distancia favorita, el hectómetro; esto es, ha pasado de estar presente en una sola final en los Juegos Olímpicos, a competir en tres, no bajando de las cinco primeras posiciones en ninguna de ellas. Una progresión que se ha producido, curiosamente, al entrenarse fuera de nuestras fronteras, en unas instalaciones mucho mejores, con mayor competencia. Antes, Wildeboer tenía que nadar con señoras mayores y niños a su lado; ahora, lo hace con la selección nacional de Dinamarca, y la diferencia es abismal.
Esto plantea un interesante debate sobre los métodos de trabajo que sigue la Federación Española con sus internacionales. Tanto Muñoz como Wildeboer, los dos únicos medallistas nacionales en piscina, han tenido que emigrar para llegar al nivel exhibido en Roma, y ambos se quejan de lo mismo: falta de equipamientos, rutinas de trabajo inadecuadas... Si bien es cierto que otros nadadores hispanos han competido de manera aceptable (como ahora veremos), ninguno ha estado cerca de sus respectivos podios, lo que deja claro que nuestro país, a día de hoy, es incapaz de fabricar por sí sola medallistas. Quizá sería el momento de replantearse todas las pautas de entrenamientos y preparación, sobre todo para que el inmenso talento que hay en España no se pierda. Una colaboración con otras Federaciones (Francia, Italia...), el fichaje de técnicos extranjeros (Barnier, sobre todo), seguimientos más detenidos, instalaciones exclusivas... Son muchas las maneras de mejorar nuestra natación, que está preparada para darnos muchas más alegrías.
La prueba más evidente de esta última aseveración la tenemos en los resultados obtenidos por el resto de nuestros competidores. Así, Marco Rivera alcanzó dos séptimos puestos en las finales de 800 y 1.500 metros libres, con sendas plusmarcas nacionales (siendo, además, el primer español en bajar de los 15 minutos en 1.500); Érika Villaécija continuó en su línea y finalizó quinta y sexta en 1.500 y 800 metros, respectivamente, con sendos récords de España; Juan Miguel Rando, en su gran debut internacional, sorprendió a propios y extraños al colarse en las semifinales de 50 y 100 metros espalda; Mercedes Peris hizo lo propio en los 50 espalda; el relevo 4x100, con Muñoz y Wildeboer, batió el récord nacional... Un balance excelente para la natación española, que solo ha tenido un punto negro: Mireia Belmonte. La que fuera el año pasado campeona de Europa de los 200 estilos no fue capaz de meterse en ninguna semifinal, ni en 200 mariposa, ni en 200 y 400 estilos, siendo descalificada en esta última prueba. Su pésima actuación, escudada en la ausencia de su entrenador, deja entrever serios problemas entre la RFEN y Belmonte, un joven valor que, por desgracia, se está convirtiendo en una estrella fugaz.
Justo todo lo contrario le está ocurriendo a Yurema Requena en Aguas Abiertas. La de Villarreal parece más que dispuesta a recoger el testigo de David Meca en esta especialidad y, tras conformarse con la 13ª plaza en los Juegos de Pekín, este año ha estado a punto de subirse al podio en la distancia de 5 kilómetros, quedando finalmente cuarta, a tan solo cinco segundos de la medalla de bronce. También estuvo muy cerca de darnos una alegría Margarita Domínguez, otro de los valores en alza de nuestra natación. A la cartagenera, vigente campeona de Europa en los 25 kilómetros, le faltó muy poco para hacerse con el bronce en su prueba favorita, pero en el 'sprint' final sus rivales se mostraron más enteras, debiendo contentarse con la cuarta posición. Un resultado que, pese a todo, es muy prometedor, sobre todo si se tiene en cuenta que la murciana ha cumplido los 21 años en este 2009. En chicos, las medallas estuvieron bastante lejos, aunque se alcanzaron sendos puestos de finalistas en cinco (Diego Nogueira, octavo) y 10 kilómetros (Kiko Hervás, séptimo), respectivamente, lo que cierra un balance, quizá no satisfactorio, pero sí muy interesante de cara al futuro.
Mucho porvenir también tienen nuestras dos selecciones de waterpolo, que han brillado con luz propia en Roma. Especialmente reseñable ha sido el papel del combinado masculino, que se ha proclamado subcampeón del mundo y que tuvo el oro al alcance de su mano. Los discípulos de Rafa Aguilar, quienes no perdieron ni un solo encuentro en el torneo, solo cedieron el cetro mundial en la tanda de penaltis, después de haber forzado dos prórrogas ante la todopoderosa Serbia, a la que incluso se le remontaron dos goles de desventaja. Por desgracia, España fue incapaz de aprovechar sus superioridades en el tiempo añadido, e incluso malgastó un contragolpe que habría colocado una distancia insalvable para los 'plavi' en el marcador. Desafortunadamente, David Martín erró esa magnífica ocasión y, en el siguiente ataque, Serbia nos llevaba a unos penaltis que no hicieron justicia con los méritos hispanos. Con todo, esa plata tuvo, más que nunca, sabor a oro. No en vano, pusimos en serios aprietos a los balcánicos, bronce en Pekín'08, a los que sí doblegamos en la fase previa (9-11); dejamos en la cuneta a los Estados Unidos, subcampeones olímpicos; colocamos a Xavi García (máximo goleador de la final, con cinco tantos) en el Equipo de las Estrellas del Mundial... Y todo con un bloque muy joven, con una media de 26 años y solo tres de sus 13 componentes en la treintena.
En cuanto a las chicas, solo la falta de suerte en los cruces les impidió luchar por las medallas. Tras cuajar una primera ronda impecable, con un empate a 15 ante Holanda (campeona olímpica), y meterse directamente en cuartos, las de Joan Jané parecían serias candidatas a podio... Hasta que se toparon con los Estados Unidos, las actuales campeonas del mundo, que fueron muy superiores a las nuestras (6-9). Si las 'yankees' no hubieran perdido en la fase de grupos frente a Rusia, quizá ahora estaríamos hablando de un doblete histórico del waterpolo español. De todas maneras, el conjunto de Jané también destaca por su juventud, por lo que todavía tienen tiempo para darnos muchas alegrías. Ya el año pasado fueron subcampeonas de Europa, así que todo es posible. Por cierto, Blanca Gil, nuestra máxima estrella, también logró meterse en el Equipo Femenino de las Estrellas, incluso pese al octavo puesto de España en el Mundial. Un reconocimiento merecido, sin duda.
Gil no fue la única mujer que consiguió una mención particular en Roma. Así, el equipo español de natación sincronizada fue premiado por la FINA como el mejor conjunto de todos los Mundiales. No era para menos. Aunque Rusia se hizo con seis oros, derrotando siempre a las chicas de Anna Tarrés, estas derrocharon simpatía, originalidad, riesgo y técnica, méritos que, pese a no ser justamente valorados por los jueces, sí fueron apreciados por el máximo órgano de la natación mundial y, sobre todo, por el público italiano, que llegó incluso a abuchear a la mesa arbitral por sus bajas puntuaciones a las nuestras. Ese cariño es el que debe reconfortar a Gemma Mengual y sus compañeras, que cuajaron un Mundial brillante, con seis platas y un oro, el único español en estos Campeonatos. Fue en la modalidad de 'combo', una de las especialidades de España, que cosechó, de este modo, el primer título global de su historia en esta disciplina. La ausencia de Rusia, cierto es, ayudó mucho a este éxito, ya que dejó a los jueces sin excusa para colocar a las de Tarrés en lo más alto del podio, si bien eso no le resta valor a este logro. Por fin Mengual se colgó un oro mundial, lo único que le faltaba en su ya extenso palmarés, y aunque se retire (lo que todavía no está confirmado), el futuro de nuestra 'sincro' está más que garantizado con Andrea Fuentes, Ona Carbonell, Paula Klamburg, Margalida Crespi...
Para terminar, no nos podemos olvidar de Javier Illana, cuya progresión en saltos de trampolín no parece tener límites. El de Leganés logró clasificarse para tres finales en este torneo mundialista, con un sexto puesto en la de un metro y un séptimo en la de tres metros, unos resultados que le permitirán disputar las World Series la temporada que viene, la competición internacional más importante de saltos. Asimismo, junto a Carlos Calvo terminó en duodécima posición en la final de tres metros sincronizados. Una soberbia actuación en uno de los puntos negros del deporte español, que poco a poco va dejando de serlo.
Sin lugar a dudas, estos Mundiales de Roma no se podrán olvidar fácilmente en España... Ni tampoco en el resto del planeta, aunque sus recuerdos no serán tan positivos como los nuestros. Y es que la polémica con los bañadores de última generación (los famosos Jaked) ha salpicado todas y cada una de las finales de este torneo, en el que, merced a dichos ropajes, se han batido 43 récords, 28 de ellos en la lucha por las medallas. Hasta el insigne Michael Phelps se quejó amargamente de los Jaked, que permitieron al alemán Paul Biedermann arrebatarle el oro y la plusmarca mundial en 200 metros libres. En España, las posturas han sido contrapuestas, al igual que en todo el mundo, que el año que viene ya no verá dichos bañadores, al haberlos prohibido la FINA. Y, sinceramente, no puedo entenderlo. Si existe una manera de hacer las carreras más rápidas y atractivas, y esta se encuentra a libre disposición de todos los nadadores, ¿por qué retirarlos? A fin de cuentas, los bañadores no nadan solos, necesitan buenos competidores que les saquen el jugo. Asimismo, con tanto récord mundial se ha ofrecido un buen espectáculo. ¿Qué más se puede pedir? Pero claro, como los Jaked (de manufactura italiana) han perjudicado a Phelps y a sus amigos 'yankees', pues...
Sea como fuere, este Campeonato Mundial ha sido memorable. Confiemos en que las buenas sensaciones que nos han dejado los nuestros en Roma, se trasladen ahora a Berlín, donde la semana que viene comenzarán los Mundiales de Atletismo. ¿Podrán los corredores españoles emular a sus compatriotas nadadores? En breve saldremos de dudas. Un saludo a todos. |
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